Una historia larga y una historia corta “Pastor lidera charla del MEC”, destacaba el titular de un diario local[1]. La noticia daba cuenta del inicio de una serie de seminarios virtuales organizados por el Ministerio de Educación y Ciencias (14 al 23 de julio) y dirigido a docentes. El tema era: Salud integral del docente y relaciones interpersonales saludables. La actividad contaba con el apoyo de la Unión Europea (UE) y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI)[2]. El texto de la nota terminaba señalando que “docentes criticaron la injerencia religiosa en el sector”. De hecho, el actual ministro de Educación, Eduardo Petta, es reconocido como líder de una iglesia evangélica y en el 2003 había recibido el Reconocimiento y Premio Integridad, otorgado por la Organización Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Completo[3]. En ese sentido, el mencionado ministro cerró el primer seminario con unas reflexiones apoyadas en un texto bíblico. Pero la injerencia religiosa en el sector educativo no es un rasgo exclusivo de la actual gestión. Posee una historia larga que, al mismo tiempo, posee una versión corta. La primera es registrada por David Velázquez en Mbo’e. Introducción a la historia de la educación paraguaya. Ticio Escobar, lo resume en la presentación del libro al señalar que los contenidos básicos de la educación colonial en Paraguay (provincial y misionera) “se reiteran inexorablemente a lo largo de siglos”. Destaca, además, que “la Iglesia Católica, en tensión intermitente con la provincia, se oponía a las conquistas educativas del humanismo reformista, desde una posición dominante que impidió durante siglos la laicización de la enseñanza”. La versión corta de la injerencia se expresó en el seminario organizado por el MEC cuando el Dr. Antonio Montiel, pastor evangélico de la Iglesia de Dios, consejero familiar, comparte durante su presentación una caracterización de los fines de la educación paraguaya. El texto es el siguiente: “La educación paraguaya busca la formación de mujeres y varones que en la construcción de su propia personalidad logren suficiente madurez humana que les permita relacionarse comprensiva y solidariamente consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con Dios”. ¿Este texto describe efectivamente los fines de la educación paraguaya, o es una propuesta del expositor? Es a partir de este texto que ya se le escapó al cronista del periódico que es posible rastrear algunos indicios de la versión corta de la historia de la injerencia religiosa en la educación paraguaya. El Dios que no estuvo, pero luego se hizo texto A fin de visualizar ciertas llamativas diferencias textuales, es posible confrontar tres versiones sobre los fines de la educación paraguaya:
| Art. 73 – Constitución Nacional – 1992 | Delineamientos curriculares -MEC - 1995 | Texto presentado por el expositor, Dr. Antonio Montiel |
| Sus fines (del derecho a la educación) son el desarrollo pleno de la personalidad humana y la promoción de la libertad y la paz, la justicia social, la solidaridad, la cooperación y la integración de los pueblos, el respeto a los derechos humanos y los principios democráticos; la afirmación del compromiso con la Patria, la identidad cultural y la formación intelectual, moral y cívica, así como la eliminación de los contenidos educativos de carácter discriminatorio. | La educación paraguaya busca la formación de mujeres y hombres que en la construcción de su propia personalidad logren suficiente madurez humana que les permita relacionarse comprensiva y solidariamente consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con Dios, en un diálogo transformador con el presente y el futuro de la sociedad a la que pertenecen, con los principios y valores en que ésta se fundamenta. Al garantizar la igualdad de oportunidades para todos, busca que hombres y mujeres, en diferentes niveles, conforme con sus propias potencialidades se califiquen profesionalmente para participar con su trabajo en el mejoramiento del nivel y calidad de vida de todos los habitantes del país. Al mismo tiempo, busca afirmar la identidad de la nación paraguaya y de sus culturas, en la comprensión, la convivencia y la solidaridad entre las naciones, en el actual proceso de integración regional, continental y mundial. | La educación paraguaya busca la formación de mujeres y varones que en la construcción de su propia personalidad logren suficiente madurez humana que les permita relacionarse comprensiva y solidariamente consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con Dios. |