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Abril, 30 de 2025

Pensar/imaginar la docencia en Paraguay

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Pensar/imaginar la docencia en Paraguay

La anulación de pruebas para ingreso en 28 IFD (Institutos de Formación Docente), debido a un posible fraude detectado ante anomalías en las respuestas de los postulantes —que en miles de casos se repitieron hasta en los mismos errores—, enmarca hoy los festejos del Día del Maestro. Por otro lado, desde la OTEP se afirma que la continua injerencia del Partido Colorado, puntualmente en los nombramientos para las coordinaciones departamentales, “estropea el sistema educativo”.
 
Ambos hechos están profundamente conectados por un largo legado histórico relacionado con el extremo grado de politización en el que el stronismo había sometido a la educación paraguaya. Esto implicó la introducción profunda de los intereses político-partidarios al interior de la dinámica institucional del MEC, vía una exacerbada práctica prebendaria y un disciplinamiento autoritario que permeó la vida cotidiana de los establecimientos escolares y de la comunidad educativa, conformando un nudo aún no desatado, más bien constantemente actualizado y renovado.
 
La persistencia de este nudo hace que la tarea de pensar/imaginar la docencia en Paraguay se constituya en un desafío urgente. Pasaron varias experiencias de políticas de reforma educativa en la región durante todo el siglo XX e inicios del XXI, que se desplegaron habitualmente dando la espalda a los educadores y priorizando metas económicas antes que explorar las interesantes potencialidades emancipadoras del derecho a la educación.
 
Actualmente, la identidad del docente es disputada en cuanto a su diseño por diversos discursos, desde los relacionados con la irrupción de la IA en el espacio educativo, pasando por la neurociencia y las investigaciones sobre las emociones. Al mismo tiempo, se multiplican campos temáticos complejos que interpelan a las propuestas de formación docente: la crisis climática, los debates acerca del Antropoceno, las desintegraciones políticas, la relación familia, escuela y memoria, la disolución de los Estados-nación, los cuestionamientos y los límites del Estado de bienestar, los desafíos del campo de la salud mental, la proliferación de los denominados ‘discursos de odio’, la descalificación del discurso científico, la expansión de la extrema derecha, la violencia ininterrumpida (en sus variados modos) dirigida a la infancia, adolescencia y las mujeres, solo por nombrar algunos de una extensa lista de temas.
 
Pensar al docente en su trama con los temas anteriores requiere de un tiempo que no existe en una cultura definida por la voracidad, la urgencia, la celeridad. Y, como lo señala Skliar (2011), “frente a la prisa como imperativo siempre caen derrotados los mismos: aquellos y aquellas cuya diferencia entraña otra relación, otra identificación y otra existencia en relación al tiempo”.
 
Por ello, pensar/imaginar la docencia en Paraguay va a requerir que generemos un lenguaje que converse, a pesar de que los tiempos actuales no son precisamente propicios para desplegar el arte de la conversación, porque cuando no hay tiempo, lo más fácil que nos sale es juzgar al otro y, de esa manera, impedimos la llegada de cualquier modo nuevo de existencia.
 
Esa lengua que converse también supone desarmar el mito de que estar juntos implica una existencia sin zozobras y tensiones. Más bien, es lo contrario: lo más esencial de conversar juntos es darle lugar a la tensión incesante entre identidades y diferencias, a la pluralidad de formas de vida, percibir que no hay destinos dibujados plenamente de antemano.
 
Es bueno insistir en que este conversar no es fácil, y más en estos tiempos de discursos de odio en que algo del lenguaje se ha ensuciado, que ya no toca la realidad o que directamente la abandona a su propia suerte porque, como nos recuerda Skliar (2011), “padecemos de la asfixia del lenguaje o su infección de poder, esa suerte de límite sin fondo dentro del cual se cuecen simulacros de conversación”.
 
Esto nos ofrece una pista sobre el lugar del docente: dicho lugar nada tiene que ver, precisamente, con normalizar ese lenguaje violentado e infectado por el poder; más bien, la docencia es un lugar que invita a considerar que “la así llamada inclusión solo puede producirse en el interior de una conversación, en la práctica de un acto educativo, no como figura abstracta de un derecho abstracto o de una jerga jurídica formulada a una distancia sideral, sino en el seno de unas acciones cuya atmósfera es o desea ser la de la igualdad”. Y este modo de existir/enseñar constantemente se distancia de ese otro modo que ‘normalmente’ deriva hacia la asimilación o la fusión de dos en uno o, peor, hacia la violación o el ultraje del otro.
 
Pensar/imaginar la docencia en Paraguay hoy, por tanto, se relaciona con rescatar la dimensión ético-política del docente, porque desde la perspectiva de ese lenguaje que conversa “lo político da comienzo a lo nuevo: a la exposición inédita frente a los ojos de los demás, la relación íntima y desbordante con la contingencia, a la fragilidad, el poder de lo imprevisible”.
 
Pensar/imaginar la docencia en Paraguay, finalmente, consiste en conectar dicha tarea con la potencialidad del derecho a la educación, que se afirma en la ética del reconocimiento del otro, a fin de que las relaciones de alteridad no sean de dominio-imposición o de indiferencia, sino de respeto y reconocimiento.

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Una organización de DD.HH. que nace como propuesta de trabajo por la paz, contra la injusticia social desde la no-violencia activa.

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