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Agosto, 19 de 2014

¿Quién le pone academia al avispero?

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¿Quién le pone academia al avispero?

Según el viceministro de Educación Superior, Gerardo Gómez, “se ha movido el avispero”, refiriéndose a la intervención de universidades a raíz de denuncias. Y así se fueron sumando la Universidad Nacional de Pilar (UNP), la Universidad Sudamericana y el Instituto Superior Latinoamericano, intervenidas oficialmente por el Consejo Nacional de Educación Superior (Cones); por su parte, la Universidad Católica de Asunción (UCA), se intervino a sí misma a partir de la venta de notas descubierta en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Diplomáticas. (Opinión. Por Ramón Corvalán) Desde su secretaría se vendían calificaciones a los estudiantes de la carrera de Derecho por un monto que oscilaba entre los 800 mil y 1 millón doscientos mil guaraníes; algunos de los pagos se realizaban mediante giros Tigo, en una inusual vuelta de tuerca al concepto de educación a distancia. Al mismo tiempo, la movida del avispero generó una “avalancha de pedidos de acreditación a la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes)”. De acuerdo al viceministro de Educación Superior, dicha demanda de acreditación de carreras de grado creció un 487% entre el 2012 y el 2013, hecho interpretado por Gerardo Gómez en los siguientes términos: “Eso es ya un signo de que están sintiendo el peso del Estado interviniendo en el sistema”. Pero el “avispero” universitario arrastra un problema complejo que no se reduce a su aspecto normativo, legalista. Varios diagnósticos realizados en diferentes momentos acerca de la situación de la universidad en Paraguay, registran las dimensiones del problema. La universidad y sus deudas Un estudio sobre la universidad paraguaya y sus egresados, publicado en el año 1989 por el Centro Interdisciplinario de Derecho Social y Economía Política de la UCA, daba cuenta del bajo nivel de eficiencia de los programas académicos; se constataba una “falta de preparación científica conducente a tareas de investigación” que, en realidad, no constituía una sorpresa teniendo en cuenta “el carácter profesionalista de las universidades paraguayas, que operan bajo el influjo de los modelos napoleónicos”. Al mismo tiempo, el estudio revelaba una “ausencia de definición de los perfiles profesionales por parte de los programas académicos”, una “escasa valoración, por parte de los egresados, de las asignaturas del área de formación cultural y científica”, “escasa práctica durante el tiempo de formación” y “un bajo porcentaje de los egresados con estudio de post-grado”. Otra publicación realizada en el año 2000 sobre la Universidad en el Paraguay: desafíos y dilemas, destacaba en su Introducción: “Lo que lleva el nombre de universidad no se ha constituido en una institución de profesionales, organizado sobre los principios del mérito académico, donde prime la excelencia y en cuyo centro se encuentre el proceso de investigación que es el proceso superior, o pleno, del ejercicio del conocimiento. En Paraguay, en general, esto todavía es utópico, no tiene lugar”. En mayo del 2011, el Ministerio de Educación y Cultura, difunde un documento de discusión denominado Plan Nacional de Educación 2024. Hacia el centenario de la Escuela Nueva de Ramón Indalecio Cardozo. La situación de la educación superior adquiere tonos dramáticos en dicho documento: “Cualquier diagnóstico sobre la educación superior en el país dejará constancia de la crisis profunda en que está sumergida. Tal como está, nuestra educación superior no tiene capacidad de dar respuestas aceptables a las exigencias del presente”. Y más adelante destaca la importancia de movilizar las fuerzas suficientes para reformar la educación superior porque de no hacerlo “podemos llegar en muy poco tiempo a una situación dramática para el país”. Pero como los diagnósticos en nuestro país no suelen transformarse en referencias para toma de decisiones, la universidad siguió campante. Nuevamente otro estudio publicado por el MEC en el 2013 sobre Las universidades: una aproximación al contexto, estructura y resultados, mostraba que el avispero había crecido: locales en 75 distritos del país; unas 105 facultades diferentes ofrecen 122 carreras, en 239 sedes universitarias, centrales y sucursales; 19.566 docentes empleados, conforman una “industria cultural” que factura alrededor de 265 millones de dólares por año. Y en el intervalo de tiempo que va del año 2000 al 2011, la matrícula en las universidades se ha incrementado en un 180%, pasando de 70 mil a cerca de 200 mil estudiantes lo que significa que las tasas de crecimiento anual de la matrícula son superiores al crecimiento económico del país y al crecimiento demográfico. La universidad sin lugar Pero entre tantas universidades, aún sigue vigente aquello señalado en el año 2000: “la educación terciaria en el Paraguay, no da lugar al proyecto universitario”. Ante la ausencia de una política responsable desde el Estado, simplemente se produjo la expansión descontrolada, amparada en la autonomía universitaria, de la privatización y la mercantilización. En esta lógica, los problemas ciudadanos no encuentran lugar en el avispero y es así que, por ejemplo, las ciencias sociales que se desarrollan en sus aulas, pueden seguir sus propios rumbos sin tematizar “los grandes temas del autoritarismo, la pobreza, la inserción en los procesos globales, la desigualdad o déficit de ética”. Demasiado se parece esto a aquellas sillas que le daban la espalda a la justicia, puestas por las comisiones de víctimas del Caso Ykua Bolaños. Y hoy pensar un proyecto universitario para el Paraguay, no puede realizarse a espaldas de las inquietantes realidades que se desprenden de tres investigaciones/informes/testimonios difundidos por la Codehupy: el Informe Chokokue (1989-2005), publicado en el 2007, el informe de Derechos Humanos sobre el caso Marina Kue publicado en el año 2012 y el Informe Chokokue 1989-2013 publicado este año. Un proyecto universitario que ignore las siniestras realidades mapeadas en esos informes (que son las crónicas de la continuidad destructiva del stronato, vía impunidad), será no sólo un proyecto inmune a las tensiones no resueltas de nuestra historia reciente sino, además, “una forma sutil pero corrosiva de analfabetismo”.  

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